Queen Elizabeth II’s Secret Menu: Rituals, Rules & Royal History Revealed
Rituales reales en la mesa
La reina tenía una manera muy suya de sentarse a la mesa: cuchillo y tenedor para casi todo, salvo por el momento sagrado del té, donde las reglas se aflojaban y un sandwich podía perder formalidad. Nada de comer con las manos durante las comidas oficiales; la etiqueta mandaba pulcritud, orden y la desaparición de las puntas doradas del pan.
Los menús no surgían al azar: se planificaban con días de anticipación, se registraban con mimo y la lista de platos pasaba por revisión antes de llegar al plato. La cocina palaciega giraba en torno a temporadas y productos de las propiedades, así que lo que no estaba en su tiempo no tenía boleto para la mesa real.
El menú más extraño (y cómo se come)
Entre los caprichos más comentados estaba una hamburguesa muy poco hamburguesa: carne de ciervo, arándanos y sin pan. Nada de envoltorios grasientos ni ketchup: la versión real era casera, servida con cubiertos y tratada como plato de mantel, no como comida de estadio.
Este tipo de elección mezcla lo local y lo práctico: carnes de caza provenientes de las tierras de la Corona, frutas de temporada y una preparación sencilla pero cuidadosa. Para beber, la costumbre incluía pequeños rituales antes y después de comer, con aperitivos y un final espumoso en algunas ocasiones.
¿Tiene sentido? Nutrición y lógica real
Desde el punto de vista nutricional, la carne de ciervo es magra y rica en proteínas, hierro y vitaminas del grupo B, por lo que prescindir del pan no es solo etiqueta sino también una forma de reducir azúcares y carbohidratos refinados en la comida. Comer despacio y con cubiertos ayuda además a sentirse lleno con menos cantidad.
Otras reglas en la mesa eran claramente funcionales: evitar ajos y cebollas para no llegar a un acto público con aliento demasiado potente, preferir frutas y vegetales en su temporada para garantizar frescura, y optar por desayunos sencillos —cereales, fruta o huevos con salmón ahumado— acompañados por una tacita de té con leche, sin azúcar.